Que declaro Milei y que omitió en la cadena nacional.

El Presidente ha dado un paso importante al retomar la huella histórica de la política exterior argentina respecto de las Islas Malvinas, al reivindicar la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, sostener que la controversia debe resolverse mediante negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido, rechazar la aplicación del principio de autodeterminación a una población implantada y defender nuestros derechos soberanos sobre las islas, los espacios marítimos circundantes y el Atlántico Sur. Se trata de recuperar una política de Estado que atraviesa gobiernos y generaciones.
Se trata de recuperar una política de Estado que atraviesa gobiernos y generaciones.
La posición oficial argentina ha sostenido que los habitantes de Malvinas no constituyen, en este caso particular, un pueblo sujeto al principio de autodeterminación y que la Resolución 2065 habla deliberadamente de respetar sus intereses, no sus deseos. A esa posición diplomática debe sumarse una defensa concreta de nuestros recursos, haciendo cumplir la Ley Nacional 26.659 frente a las empresas que, sin autorización argentina, participen en la exploración o explotación de hidrocarburos en nuestra plataforma continental, amparándose exclusivamente en licencias concedidas unilateralmente por el Reino Unido. Eso también es defender el interés nacional.
Pero precisamente por eso aparece una contradicción de política exterior que la Argentina debería revisar: Jerusalén. No podemos reclamar en el Atlántico Sur el cumplimiento estricto de las resoluciones de Naciones Unidas, cuestionar actos unilaterales sobre territorios cuya soberanía se encuentra controvertida y, simultáneamente, apartarnos de esos mismos principios cuando analizamos otro conflicto territorial. La comunidad internacional ha sostenido durante décadas que el estatus definitivo de Jerusalén debe resolverse mediante negociación y ha rechazado las decisiones unilaterales destinadas a modificarlo.
No podemos reclamar en el Atlántico Sur el cumplimiento estricto de las resoluciones de Naciones Unidas y apartarnos de esos mismos principios cuando analizamos otro conflicto territorial.
Esto no significa estar contra Israel. La Argentina debe defender inequívocamente el derecho de Israel a existir en paz y seguridad, combatir el terrorismo y condenar el antisemitismo. Pero ninguna de esas posiciones exige abandonar los principios del derecho internacional que, al mismo tiempo, fortalecen nuestra propia posición sobre Malvinas. El problema no es la relación con un país determinado, sino la coherencia de los principios con los que la Argentina defiende sus intereses nacionales.
Ahí reside el problema estratégico. Una potencia media como la Argentina no puede darse el lujo de utilizar el derecho internacional de manera selectiva. Nuestra fortaleza no está en el poder militar ni en la capacidad de imponer hechos consumados, sino en la continuidad histórica, la coherencia jurídica, la diplomacia y el respaldo internacional. Si exigimos que ningún acto unilateral británico pueda modificar la situación jurídica de Malvinas, debemos ser extremadamente cuidadosos antes de legitimar actos unilaterales semejantes en otros territorios controvertidos. Malvinas no admite una política exterior de geometría variable.
Una potencia media como la Argentina no puede darse el lujo de utilizar el derecho internacional de manera selectiva. Malvinas no admite una política exterior de geometría variable.
El Presidente dio un paso correcto al recuperar elementos centrales de la posición histórica argentina. Ahora hace falta completar ese camino. Entrar definitivamente en la huella del interés nacional significa comprender que las alianzas ideológicas o personales nunca pueden colocarse por encima de una política exterior coherente. Los gobiernos pasan, las alianzas internacionales cambian y las circunstancias políticas se transforman; los intereses permanentes de la Nación permanecen. Y Malvinas exige que cada decisión diplomática argentina, en cualquier lugar del mundo, fortalezca y nunca debilite nuestra autoridad jurídica para reclamar lo que nos pertenece.
Los gobiernos pasan, las alianzas internacionales cambian y las circunstancias políticas se transforman; los intereses permanentes de la Nación permanecen.
Noel Eugenio Breard – Senador Provincial – UCR Corrientes
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