La deuda como estabilidad aparente y riesgo futuro

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La deuda pública argentina volvió a crecer con fuerza, pero el dato central no es solamente el monto. El verdadero problema es la lógica económica que empieza a consolidarse detrás de ese crecimiento.

Cuando un país financia vencimientos mediante un “roll over” permanente, emitiendo deuda nueva más cara para cancelar deuda vieja, y además capitaliza intereses para evitar que impacten de inmediato sobre el déficit, puede construirse una sensación transitoria de estabilidad. Sin embargo, muchas veces esa estabilidad es más contable que estructural. En ese contexto, la deuda deja de crecer de manera lineal y comienza a hacerlo de forma geométrica. Ahí aparece el verdadero riesgo. Si el crecimiento económico, la productividad y la generación genuina de dólares no avanzan más rápido que el costo financiero acumulado, el sistema entra lentamente en una trampa matemática que termina condicionando toda la economía.

La experiencia argentina ya mostró este mecanismo en otras etapas: atraso cambiario para contener inflación, ingreso de capital financiero, aumento de deuda, una aparente calma y luego una fragilidad estructural que termina saliendo a la superficie.

“Cuando la deuda deja de ser una consecuencia y se transforma en el motor artificial del sistema económico, la política pierde margen de decisión”.

Por eso el debate no debería reducirse únicamente al déficit fiscal. La discusión de fondo es otra: si el actual modelo económico está construyendo capacidad futura de repago mediante desarrollo, inversión, infraestructura, innovación y exportaciones de valor agregado, o si simplemente administra financieramente el presente mientras posterga los costos hacia adelante.

La estabilidad es necesaria, pero nunca alcanza por sí sola. Ningún país desarrollado salió adelante únicamente con ajuste, tasas altas y confianza financiera. Todos combinaron orden macroeconómico con una estrategia nacional de desarrollo.

Cuando la deuda deja de ser una consecuencia y se transforma en el motor artificial del sistema económico, la política pierde margen de decisión y la matemática termina imponiendo sus propias reglas.

Noel Eugenio Breard – Senador Provincial – UCR Corrientes

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