Alemania: una advertencia para Europa

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El domingo 6 de septiembre hubo elecciones en Sajonia-Anhalt, uno de los dieciséis estados que integran Alemania. No fue una elección nacional: se renovó el parlamento regional, el Landtag, que elige al jefe de gobierno del estado. Pero el resultado se leyó en toda Europa, porque el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que la CDU del canciller Friedrich Merz, que quedó en 17,2%. En 2021 la AfD había sacado poco más del 20%: duplicó su caudal en cinco años. La participación fue récord, cerca del 77%. No fue apatía: fue un voto masivo y consciente.

La AfD obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que la CDU. En 2021 había sacado poco más del 20%: duplicó su caudal en cinco años.

Sajonia-Anhalt está en el este alemán, en el territorio de la antigua Alemania comunista. Es una región con pueblos que se vaciaron, con menos médicos, menos comercios y menos oportunidades que el oeste del país. Ahí está la primera clave para entender lo que pasó: detrás del resultado hay una economía que no termina de recuperarse, una discusión no resuelta sobre inmigración y, sobre todo, la sensación de mucha gente de que los partidos tradicionales dejaron de escucharla. El extremismo no crece en el vacío; crece donde la política democrática deja problemas sin respuesta durante demasiado tiempo.

El extremismo no crece en el vacío; crece donde la política democrática deja problemas sin respuesta durante demasiado tiempo.

Conviene decir también qué propone la AfD, porque de eso depende por qué esto importa fuera de Alemania. Su programa es nacionalista: quiere recuperar competencias que hoy están en manos de la Unión Europea, discute la permanencia en el euro —la moneda común que comparten veinte países— y plantea revisar la integración europea tal como funciona hoy. Es, en el fondo, la misma promesa del Brexit: la idea de que un país recupera poder cuando se va. La experiencia británica mostró lo contrario. Y si esa lógica avanzara en Alemania, que es la principal economía del continente, el daño no sería el de una salida: sería el de una fractura del proyecto europeo entero.

Hay un dato que ordena la discusión: aun con ese porcentaje, la AfD no alcanzó la mayoría absoluta de bancas, y el resto de los partidos mantiene la decisión de no gobernar con ella. Las instituciones, por ahora, contienen. Pero ninguna barrera institucional se sostiene sola si la sociedad que la rodea deja de creer en ella.

Ninguna barrera institucional se sostiene sola si la sociedad que la rodea deja de creer en ella.

La conclusión vale para Alemania y vale también para nosotros, porque la respuesta democrática no puede limitarse a condenar el extremismo ni a repetir que el otro es un peligro, algo que ya se probó y no alcanzó. Hace falta recuperar competitividad, ordenar la inmigración con reglas claras y, sobre todo, volver a ofrecer una perspectiva de futuro a quienes hoy sienten que no tienen ninguna, porque cuando la democracia resuelve el extremismo se queda sin combustible. Por eso Europa necesita reformarse, no desintegrarse: la advertencia ya está a la vista y el tiempo para responderla es ahora.

Europa necesita reformarse, no desintegrarse: la advertencia ya está a la vista y el tiempo para responderla es ahora.

Noel Eugenio Breard – Senador Provincial – UCR Corrientes.

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